Un wikén no planificado en el lago Carite

by | Jun 29, 2019 | Lifestyle, Nuevo, Viajes, Vida Local

Pues sí, me quedé un wikén en una finca ubicada frente al lago Carite cuando solo tenía contemplado “pasar el día” (un sábado). Pero sarna con gusto no pica y menos a mí que me encanta estar alejada del cemento.

Todo comenzó un viernes. Una de mis mejores amigas y yo nos escribimos para vernos esa noche. Al final no nos pudimos ver por lo que me invitó a pasar el sábado en “la finca” con ella y un grupo de amistades. Sin pensarlo mucho, porque estas oportunidades siempre se aprovechan, acepté la invitación.

El sábado, alrededor de las 2:00 p.m. nos encontramos todos en la finca. Con solo ir entrando al lugar te comienzas a ir en un trance y te vas llenando de paz y tranquilidad. Pasas frente a un huerto lleno de vegetales, frutas y especias, y frente a gallinas que se comen las sobras de comida y ponen huevos casi de color azul claro, hasta llegar a la “casita de la finca”. La casita, ubicada en un punto perfecto con una vista de película, funciona con agua de lluvia que la misma recoge, y en el baño, en vez de tener un inodoro “normal” tiene uno de compostaje. Esa primera hora fue de puro tour. (Esta propiedad es privada hasta el momento y no abierta al público.)

Cerca de las 3:30 p.m., cuando ya estábamos todos un poco aclimatados con la finca, decidimos bajar al lago a amarrar una cuerda tensa ya que dos integrantes del grupo practican el ejercicio y habían llevado el equipo. ¡Y ahí empezó la aventura! Unos agarraron las bebidas, los munchies y el equipo de la cuerda tensa y bajaron al borde del lago a montar el base camp, mientras otros nos fuimos a buscar un botecito para movernos en el lago con ¡capacidad máxima para 4 personas! (Eramos 7 personas en total.)

Como a las 4:30 p.m., la cuerda y el base camp ya estaban set, y mientras los dos integrantes que practican la cuerda tensa intentaban pararse y caminar sobre ella, el resto del grupo los contemplaba con vinito y munchies en mano. Luego de un rato, cuando los expertos en la cuerda decidieron tomar un descanso, los inexpertos decidimos engancharnos con el arnés y usar la cuerda como un zipline. Wow! Hasta ese día no sabía lo relajante y súper divertido que podía ser instalar una cuerda sobre el lago de un extremo a otro.

Regresamos a la casa a eso de las 7:00 p.m. para cocinar y cenar. Y para variar, no fue cualquier cena. Fue una de las cenas más frescas de mi vida. (En verdad, siempre que estoy con este grupo tengo las cenas más frescas de mi vida porque son pescadores.) Un pez gato y chopas acabadas de pescar en el lago, con vegetales y especias de la finca, acompañados de unos espaguetis deliciosos confeccionados por la “chef” Bianca, mi amiga, fue el menú. Y de postre, unas piñas, de la finca también, a la barbacoa. 

Después de la cena, a eso de las 10:30 p.m., se supone que me fuera. ¿Recuerdas que esto fue un “wikén no planificado en la finca” verdad? Pero mi amiga me convenció para quedarme hasta el otro día. La verdad no la veía hace mucho tiempo y no fue muy difícil convencerme. ‘Jelou’, compartir con tu mejor amiga y otras amistades en un paraíso lleno de pura naturaleza y tranquilidad, ¿quién dice no? (Este lago es creado por humanos pero tiene vida en sus aguas al recibir flujo del río La Plata.)

En esas próximas horas lo que hicimos fue bañarnos, hablar un rato e irnos a dormir. Quiero resaltar que dormimos sin aire acondicionado y no hizo falta. La noche estuvo fresca y perfecta para dormir como un bebé.

 

Al siguiente día nos levantamos como a las 10:00 a.m., desayunamos y nos preparamos para bajar al lago. Mientras nos preparábamos, uno de los integrantes del grupo que había salido temprano a pescar, llegó con un Tucunaré. Este pescado es de los más codiciados en el lago y desde el día anterior estábamos tratando de capturar alguno. ¡Ya la cena estaba asegurada!

Ya a las 2:00 p.m. estábamos todos sentados en el botecito. Decidimos navegar hasta la desembocadura del río en busca de más peces Tucunaré. Cuando ya estábamos en la desembocadura, los que no tenían caña de pesca como yo, decidimos darnos un chapuzón y quedarnos chileando con una balsa que llevé (mi mejor aportación en el wikén) mientras Gabriela, la prima de mi amiga, pescaba. Gabriela se inició como pescadora ese día logrando capturar 3 peces Chopa que luego nos comeríamos en la cena. 

Ya casi a las 5:00 p.m. regresamos a la casa para cenar la pesca del día. Esta cena fue bien parecida a la del sábado, solo que esta vez tuvimos el honor de probar el pescado Tucunaré. 

El resto de la tarde nos quedamos en la casa hablando y compartiendo, y como a las 9:00 p.m. de la noche decidimos involuntariamente culminar el wikén e irnos todos a nuestros respectivos hogares.

Yo quería quedarme allí para siempre. Sin duda fue un wikén inolvidable y lleno de mucha buena energía. Te invito a vivir experiencias como estas. La planificación es esencial, pero hay días que la cuerpa y la mente necesitan liberarse, y tú las tienes que complacer. ¡Un wikén no planificado al año no hace daño!

¡Gracias Bianca y a los gemelos por la invitación!

Fotografía:

Rolando Peréz | @rpmphoto