TRUE STORY: Sobrepasé un desorden alimenticio

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Cristina Corujo trabaja en producción, redes sociales y relaciones públicas, además se ha destacado en la actuación de teatro. A pesar de trabajar en el mundo competitivo de las comunicaciones y del teatro, Cristina ha podido sobrepasar un reto tan difícil como el desorden alimenticio. A continuación, Cristina les cuenta su historia y experiencia. 

En ocasiones creemos que solo personas en el ojo público desarrollan desórdenes alimenticios. Además pensamos que en una isla tan pequeña como Puerto Rico, esta condición no es usual. Dentro de los trastornos alimenticios hay varias categorías, entre ellas la anorexia nervosa, la bulimia nervosa y el ‘binge eating’. A pesar de que estas tres son las más comunes, hay más categorías. 

En los últimos años se ha visto un incremento en el número de personas que padecen de este trastorno. Muchos entienden que los desórdenes alimenticios excluyen a lo varones y a los adultos pero la realidad es que esto es falso. Según la ANAD (National Association of Anorexia Nervosa and Associated Disorders), 30 millones de personas de todas las edades sufren de trastornos alimenticios. En la última década se ha podido explorar un poco el porqué de está condición. Aunque nunca habrá una sola razón por la cual alguien sufra de este padecimiento, sí existen diferentes aspectos como la ansiedad, la genética y el comportamiento obsesivo compulsivo que aumentan la probabilidad de este desorden. 

Las redes sociales y los desórdenes alimenticios

Vivimos en una era donde las redes sociales se han convertido en el medio de entretenimiento de muchos, ya sea viendo fotos o videos en diferentes plataformas sociales. Allí encontramos ideas de recetas, rutinas de ejercicios, imágenes sobre la moda, consejos de salud, etc. Todo esto es catalogado como información positiva que podemos obtener a través de la web, pero lo que no sabemos es que para una persona que sufre de un desorden alimenticio el internet puede ser un arma de doble filo.

Se ha dado la tendencia de subir fotos de lo que es el “cuerpo ideal” con el propósito de motivar a las personas a llegar a una perfección física. Algunos entienden que ese cuerpo perfecto no existe, pero otros simplemente sienten que la única manera de ser valorados es llegando a una delgadez extrema.

Como persona que sufrió de un trastorno alimenticio, el internet a veces era de gran ayuda para mi rehabilitación y en ocasiones era todo lo contrario. Las redes sociales tienen usuarios que sufren de problemas con la alimentación y no lo saben. Por esto, las publicaciones en dichas cuentas suelen incitar a las personas a perder peso dejando de comer, haciendo ejercicio compulsivamente o tomando pastillas.

Un paciente que está en proceso de rehabilitarse debe evitar en todo momento este tipo de páginas, ya que una sola foto puede ser fatal. De todas maneras nadie debería estar visitando cuentas como estas porque el contenido no es uno saludable ni real. Por otra parte, hay cuentas que son específicamente para personas que buscan apoyo durante su rehabilitación. Las publicaciones de estos usuarios normalmente suelen tener mensajes positivos promoviendo una buena alimentación sin importar los resultados físicos, cosa que es clave para lograr una estabilidad en la condición. Cuando me encontraba en mi proceso de recuperación, mis doctores siempre me recordaban que no se trataba de las calorías, ni de cómo me iba a ver luego de comer, si no de suplirle a mi cuerpo los nutrientes necesarios para llevar una vida sana y lo más normal posible. 
 
Cuando menciono una vida lo más normal posible es porque a consecuencia de la condición hay órganos que se ven afectados. En mi caso, luego de haber pasado una crisis de anorexia nervosa, mi sistema digestivo se deterioró mucho. A mis 16 años me removieron la vesícula, luego de que esta dejara de funcionar. Además, hay alimentos que no tolero, como resultado de todo el daño que recibió mi cuerpo. Tuve la dicha de que ningún un órgano vital se vio afectado, pero hay casos en donde la persona desarrolla enfermedades cardiacas, problemas con los riñones o con el hígado.  
 
Como podrán ver, las redes sociales pueden ayudar pero a la vez pueden empeorar al paciente. Por dicha razón es de suma importancia que la familia y los amigos estén presente para brindarle todo el apoyo del mundo. Esto evitará que la persona busque en la web una ayuda cibernética que puede resultar en algo peor. 

Películas recientes que hablan de la condición

Los trastornos alimenticios han sido el tema de conversación últimamente, ya que en el 2017 han estrenado dos películas que hablan sobre la condición. Una de ellas se llama ‘To The Bone, protagonizada por Lily Collins, quien sufrió de anorexia. El filme ha recibido muchísimas críticas por ser un largometraje que expone imágenes fuertes. Tengo que decir que ha sido una de las películas que mejor explica lo que vive una persona con un desorden alimenticio, puesto que no solo toca el tema de la comida, si no los problemas familiares y el amor en la juventud. 

Otra película que habla efectivamente sobre el trastorno es “Feed”, la cual es protagonizada por Troian Bellasario, quien también padeció de anorexia. Este filme toca más a fondo el tema de la voz/pensamiento negativo que vive dentro de la cabeza del paciente. Aunque algunas personas entiendan que la película puede ser extrema, no lo es. Esta condición se trata de ganarle la batalla a esa voz interior, logrando un control absoluto de los pensamientos que incitan a la desnutrición

A lo mejor se están preguntando, ¿es posible ganarle la batalla a esa voz?

Sí, es posible. No es fácil pero si se puede lograr. Lo importante es levantarse todos los días con ganas de estar mejor y saludable. Algunos días son mejores que otros, pero esto no significa que no se pueda lograr. La clave es enfocarse en los días positivos y nunca rendirse. Es fundamental saber que las condiciones mentales, como los trastornos alimenticios, no definen a una persona. La vida de un ser humano va más allá de una enfermedad mental o de un número en una báscula.

Escrito: Cristina Corujo