Papelón: 4 ‘roommates’ nos cuentan su historia de horror

by | Aug 29, 2017 | Features, Lifestyle

Aunque no muchas hemos pasado por la dicha de ser o tener roommates, sabemos que esas historias son las más interesantes (y juicy) para contar. Desde la trastera llena de platos sucios hasta quién tiene dibs del baño, ser o tener roommates no es nada fácil. Sorprendentemente, cuando le hicimos el acercamiento a nuestras seguidoras para que enviaran sus historias sobre sus roommates, nos dimos cuenta que la gran mayoría no tenían nada negativo que decir. Lo más inesperado fue que las roommates from hell eran ellas mismas. Lo sé, nosotras también nos quedamos shook. De todas las historias que nos compartieron, estas son las que nos dejaron llorando de la risa. ¿Están ready para leer estos papelones edición roomies

Story #1: Blow her away

Yo estuve en un programa de intercambio durante un semestre por todo Europa. Cuando visitamos París, lo más que yo quería hacer era explorar la ciudad y todas sus esquinas. Para darles un poco más de trasfondo, en París la gente fuma mucho (demasiado, diría yo) y, siempre que salía, pues ese olor se me quedaba en el cabello. Recuerdo una de las primeras noches que salí a ‘janguear’ y llegué a mi apartamento como a eso de las 3 de la mañana. No había forma, modo, circunstancia o manera que yo me iba a dormir con esa peste en mi pelo. Primero que todo, no quería levantarme con asma. Segundo, I’m a clean person. Así que, con mi santa calma, me lavé el cabello y me pasé blower a esa hora de la mañana. Me levanté perfectamente bien, sin peste ni nada. El problema no fue que me lavé y sequé el pelo esa vez, el problema es que le cogí un gusto a hacerlo y lo empecé a hacer todas las veces que salía a ‘janguear’. ¿Que mi roommate me odió? 100 por ciento, pero por lo menos dormía siempre como un bebé y me levantaba sin asma. Sorry not sorry. — Por Krystal Santos

Ilustración por: Guanina Cotto

Story #2: New phone, who dis?

En esta yo soy la mala, porque en verdad fue bien petty de mi parte. Pues, yo tenía una roommate que nunca se despegaba del celular. Créeme, que ni para comer tranquila ella soltaba ese celular. Para lo que sí lo soltaba, aparentemente, era para salir con tipos que le había dejado claro que me gustaban. Cuento largo-corto, salí una noche con unas amigas y me los encontré de frente en nuestra barra favorita. Ella ni preocupada se veía. Yo estaba igual de tranquila, mayormente porque se me prendió la bombillita y sabía qué hacer para tener una mini-venganza. Además de compartir apartamentos, compartíamos algo bien importante para ella: el plan de celular. Y, sorpresa, todo estaba a mi nombre. Así que, el día después, aproveché un break entre clases en la uni, pasé por una de las tiendas de nuestra compañía de celulares y pues hice lo que tenía que hacer. Cuando llego al apartamento esa noche, lo primero que escucho es, “¿Tú tienes señal? Ay, no me ha funcionado el internet todo el día”. Sí, le hice un downgrade a su plan de celular y fue hermoso. Le dejé las llamadas, por eso de que tuviese cómo comunicarse cualquier cosa. El resto, out. El plan solo me funcionó como por semana y media en lo que se dio cuenta, pero verla quejándose todo el tiempo por el celular fue suficiente. ¿Lo mejor de todo? El tipo ni me gustaba tanto. — Por Catalina Márquez

Story #3: Mi tercera roommate dormía en la cocina

Cuando estuve de intercambio, tenía una roommate súper vaga. Para colmo, no sabía cocinar, ni limpiar, ni nada. Un día parece que decidió ser un chin menos vaga y salió de su cuarto para cocinar. Escuché todo el revolú en la cocina, pero la ignoré por unas lecturas de la universidad. Al otro día me fui temprano y estuve el fin de semana de viaje. Unos días después, llegué y volví a irme al otro día de viaje (eran los últimos días del intercambio, don’t judge!). Cuando vuelvo al apartamento con un amigo, llevo la maleta al cuarto y de momento lo que escucho es el grito de mi amigo. Salgo corriendo y veo a mi amigo en la cocina, mirando al microondas con una cara de que acaba de ver el chupacabras. Aparentemente, mi dulce roommate trató de cocinar una chuleta en el microoondas, se rindió, la dejó ahí por las dos semanas que estuve fuera y me dejó el Chernobyl-like desecho tóxico a mi como regalito. Entre mi amigo y yo casi nos morimos cuando vimos la cosa esa verde que estoy segura de que se movía, pero no parábamos de reírnos porque de ahora en adelante todas las comidas podridas nos recuerdan a alguien: Betsy, la chuleta. Te preguntarás, ¿qué hicimos con Betsy? Pues lo obvio, dejamos a Betsy acurrucadita entre las sábanas de la cama de mi roommateoops. — Por Cecilia Negrón

Story #4: Poisoned by our fridge

Yo vivía con dos roommates, pero para esta historia en particular, solo involucra una. Recuerdo un verano que ellas estaban fuera y me tocó quedarme sola en el apartamento. A mitad de mi housesitting, tuve que ir a casa de mis padres por unos días. Esto significa que ni estuve para cuando pasó el papelón en el apartamento con mis roommates. Cuando regresé, me percaté que no había luz y luego me dicen que el apartamento llevaba bastante tiempo sin luz. Una de mis roommates había llegado y estaba limpiando la nevera porque, como claramente estuvimos sin luz, todo se pudrió. Yo le dije que no hiciera eso, que deberíamos esperar para hacerlo entre todas, pero ella estaba empeñada en limpiarlo, mas ya estaba por terminar. Así que, la dejé que terminara mientras desempacaba mis cosas en mi cuarto. Fast-forward al próximo día y ella terminó en el hospital por la cantidad de hongo que había en la nevera. Técnicamente, envenené a mi roommate. — Por Astrid Fuentes