La Noche que Volví a Ser Gente: Crónica de un ‘Tech Detox’ Forzado

Sep 22, 2016 | Features

Admito que cuando llegó el apagón no le di mucha importancia. Pensé que, al igual que siempre, la electricidad regresaría en unos minutos, un par de horas a lo máximo. Pero entonces comenzaron a llegar los reportes oficiales: el apagón era general, en toda la isla, y estaríamos sin luz por lo menos 24 horas. (#horror)

A eso de las 5 de la tarde la batería de mi Mac murió. Una hora más tarde la de mi celular hacía lo mismo. Los ‘plugs’ eran inservibles, lo que en consecuencia hacía de mi celular y computadora unos meros aparatos sin vida. Prendí unas velas en el apartamento que alquilo en la Calle Loíza, y pronto el silencio era lo único que se escuchaba. Había llegado la noche, y estaba sola con mis pensamientos. Por primera vez en muchos, muchos años, estaba completamente desconectada.

El 100% de mi trabajo como escritora es para la web. Usualmente llego a mi apartamento por las noches y, luego de un ‘light dinner’, me siento a trabajar mis asignaturas pendientes hasta pasada la medianoche, cuando me quedo dormida frente a la computadora. Además, todas mis comunicaciones, tanto profesionales como personales, las realizo a través de mi celular, ese gran amigo que siempre me acompaña.

 

Hacía mucho tiempo que no tomaba un lápiz y papel para preparar un escrito, pero este que lees ahora lo redacté de esa manera, bajo la luz de una vela. Lo primero que me vino a la mente, cuando ya no había más nada que oscuridad, fue un cuento que leí cuando estaba en la escuela superior, titulado ‘La Noche que Volvimos a ser Gente’ de José Luis González, un relato corto que narra un ‘blackout’ en Nueva York, y cómo la gente, por unas horas, lograron un contacto real y humano con las personas y mundo a su alrededor. Yo no tenía con quién sentarme a hablar, pero el recuerdo del cuento me dio una idea: subí a la terraza del edificio en que vivo y me tiré boca arriba, a mirar las estrellas y tomarme una copita de vino.

Bajo un cielo más estrellado que de costumbre, pensé en lo mucho que dependemos de nuestros dispositivos móviles, las redes sociales y la web en nuestro día a día. Shopping, llamadas, updates, emails, texts, fotos, noticias, Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat… gran parte de nuestros días los pasamos pegados a nuestro Smartphone, dando por sentado que funcionarán por siempre, que nunca nos fallarán. Lo de anoche puede que haya sido una excepción, pero en mi caso me sirvió de recordatorio: todo esto podría no estar disponible en algún momento, por causas que no seré capaz de controlar. ¿Quién soy sin la web? ¿Me he desconectado de mí misma en un afán de estar eternamente conectada con el mundo?

Aunque en dos ocasiones desperté en medio de la noche por causa del calor, la verdad es que pude dormir como una bebé. El ‘tech detox’ forzoso me había librado momentáneamente de la comunidad global, de mis responsabilidades, de esa ansiedad por estar al tanto de todo en todo momento. Y se sintió liberador. Amo las redes, pero una noche sin ellas me hacía falta, sin haberme yo dado cuenta. Me permitió darme cuenta que la pared de mi sala necesita una mano de pintura, que los coquíes no paran de cantar en Santurce, que así era como estaban nuestros padres y abuelos en esa ‘prehistoria’ antes de la internet.

Esta mañana, al despertar con los rayos de sol que entraban por la ventana, me quedé un rato en mi cama, sintiéndome de cierta manera libre. Pero la vida continúa, y ahora estoy en un cuarto de hotel que alquilé con unas compañeras de trabajo, con Wi-Fi, aire acondicionado y agua con mucho hielo. Cuando encendí mi iPhone y Mac, sentí una mezcla entre alivio y tristeza. Decenas de emails y textos y notificaciones inundaban mis cuentas: ‘Brangelina’ llegaba a su fin, Trump avanza en las encuestas, la infraestructura energética en Puerto Rico es un desastre, Kim Kardashian se desnuda en Instagram. La vida regresa a su normalidad. Seguiré conectada como siempre, pero presiento que de vez en cuando, especialmente cuando mi nivel de estrés llegue a su punto pico, desearé una noche como la de anoche, un espacio solo para mí, desconectada de todo que no sea el mundo inmediato que me rodea.

Por Mercedes Luna