Mi Día como Rescatista con las Héroes de Rabito Kontento

Mi Día como Rescatista con las Héroes de Rabito Kontento

Apr 30, 2017 | Cuerpo y Mente, Descubre, Historias Reales

Cuando pensamos en rescatistas de animales, usualmente nos vienen a la mente mujeres y hombres que, ya sea a tiempo parcial o completo, donan de su tiempo para sacar de la calle o alimentar a perritos y gatitos sin hogar. Ciertamente es una acción noble y heroica, pero siempre me pregunté, ¿cómo será realmente un día en la vida de estas personas? Por eso, decidí irme a la calle un día completo con las rescatistas de Rabito Kontento, organización sin fines de lucro ubicada en Hatillo y dedicada al rescate, estabilización y puesta en adopción de cientos de perritos. Para mi sorpresa, la labor que realizan en esta organización es muchísimo más intensa (tanto física como emocionalmente) de lo que jamás habría imaginado. Para que tengan una idea, aquí les dejo un ‘timeline’ de mi experiencia como rescatista.

9:00 a.m.: A esa hora de la mañana llegué al barrio Carrizalez en Hatillo, donde ubica la ‘Casita Kontenta’ que sirve como centro de operaciones de la organización. Debido a que Rabito Kontento no cree en mantener a las mascotas enjauladas, tienen un área con varias casitas donde los perros pueden jugar entre sí, tal y como harían en un hogar regular. Una de las perritas, llamada ‘Lola’, sería entregada al día siguiente a su nuevo hogar adoptivo, ubicado en Guaynabo.

9:30 a.m.: Salimos para un parque de pelota cercano, donde los voluntarios alimentaron a un grupo de perritos. Esta ubicación es parte de la ruta de alimentación diaria de Rabito Kontento. Al vernos llegar, los perritos movieron sus colitas, en anticipación al manjar que les esperaba. 

10:00 a.m.: Las voluntarias de Rabito Kontento reciben una notificación de un perro en malas condiciones, raquítico y con un tumor gigante en la cabeza, quien ‘vagabundeaba’ frente a una cafetería del área. El equipo de Rabito Kontento dejó lo que estaba haciendo y salieron de inmediato al rescate de esta criatura. Luego de buscar unos minutos en automóvil, dimos con el perrito: la verdad, su estado era de malnutrición extrema, la sarna cubría su cuerpo y el tumor deformaba gran parte de su cabeza. Debido a que fue encontrado frente a un negocio llamado ‘El Flamboyán’, se le puso como nombre ‘Flamboyán’. Lo cubrimos con sábanas, lo montamos en el carro y salimos para la Clínica ‘Servicios Veterinarios del Norte’ del Dr. Pedro Olivencia, veterinario.

10:00 a.m.: La hora de la verdad. Solo llevaba una hora como rescatista y ahora estaba en plena sala de operaciones, junto al veterinario, siendo testigo de cómo sedaban a Flamboyán, le afeitaban el área donde ubicaba el tumor, y le extraían sangre con una jeringuilla para evaluación. Suerte que habían pasado par de horas desde el desayuno, porque la escena fue realmente ‘shocking’ para mí, que nunca antes había estado en una situación parecida.

11:30 a.m.: Cuando íbamos a salir a la ruta de rescate nuevamente, llegó a la clínica un perrito que había sido atropellado por un auto unos minutos atrás. Estaba todo cortado, sin conocimiento, y con varios huesos dislocados. Se colocó en la camilla de operaciones, se anestesió, y se llevó a cabo un procedimiento para colocar los huesos de vuelta en su lugar (si piensan que esto suena doloroso, es porque realmente lo es, y mirar el procedimiento, para el novato en estas cosas, es casi imposible sin cerrar los ojos de vez en cuando). El doctor Olivencia, sin embargo, se mantenía calmado, siempre de buen humor, al igual que todos los voluntarios de Rabito Kontento. Y es que para todos ellos, el buen humor es esencial en este tipo de trabajo, ya que de lo contrario uno se puede afectar emocionalmente. Luego de un arduo trabajo y varios intentos fallidos, el doctor logró reacomodar los huesos del perrito, quien fue llevado a un área de descanso.

2:00 p.m.: Luego del almuerzo, recibimos una notificación por parte del Agente Vidot de la Policía de Puerto Rico acerca de un caballo abandonado en un terreno baldío. Rabito Kontento y la Policía trabajan mano a mano en el rescate y protección de los animales, sirviéndose de complemento para que las labores se lleven a cabo de manera ideal (nunca antes había visto una colaboración tan estrecha entre la Policía y la ciudadanía). Salimos junto al agente hacia donde estaba el caballo, y al llegar lo que encontramos fue una criatura casi en el hueso, con la cadera dislocada, bajo el sol, sin agua ni alimento, y con el ánimo por el piso. Estaba amarrado a un poste, por lo que no podía salir de aquel lugar tan inhóspito. Al cabo de un rato aparecieron los supuestos ‘dueños’ del animal, y se enfrascaron en una discusión con el agente, quien estaba pronto a radicarles una querella por maltrato de animales. Las voluntarias de Rabito Kontento intervinieron, y solicitaron llevar al caballo a la clínica para una evaluación, a lo que ambas partes accedieron. Montaron al caballo en un camión/plataforma y lo llevaron a la clínica.

3:00 p.m.: El doctor Olivencia evaluó al caballo, y determinó que estaba anémico, lleno de garrapatas, y con la cadera dislocada, lo que lo hacía incapaz para montar. El caballo fue devuelto a sus dueños, con la obligación de tenerlo dos semanas bajo observación oficial para asegurarse que el caballo se estaba manteniendo en condiciones sanas.

4:00 p.m.: A esta hora regresé a San Juan, y durante el camino no podía sacarme de la cabeza a todos los perritos y animalitos que había visto y ayudado durante el día. Mi cuerpo estaba ya sin energías, y mi estado de ánimo vacilaba entre la tristeza y la satisfacción de saber que hay personas en este mundo que dan el 100% por ayudar a los más necesitados. Desde ese día, todos los perros que veo en la calle me llaman la atención, cosa que antes no sucedía. Pero este sentimiento no ha quedado solo en mi mente, sino que lo he llevado a la acción: hace dos días, mientras transitaba de noche por Río Piedras, se cruzó en mi camino un perrito callejero. En lugar de obviarlo y seguir mi camino (como hubiera hecho antes), le abrí la puerta de mi carro y entró. Lo llevé a casa, le di comida y agua, y al momento está conmigo, mirándome mientras escribo. Se llama ‘IUPI’, porque lo encontré cerca de la universidad.

Además de la labor de rescate, los voluntarios de Rabito Kontento realizan labores para conseguir hogares de adopción, utilizan sus casas como refugios temporeros, dan charlas en escuelas, y, para ayudar a perritos con discapacidad de movimiento, construyen sillas de ruedas para que los perros puedan desplazarse como si tuvieran las cuatro patas. Personalmente, siento una inmensa admiración por cada una de las personas que forman parte de este esfuerzo: Dr. Pedro Olivencia -uno de los mejores veterinarios que he conocido-, Sharon Deliz, Marinid Tosado, Mariel Rojas, Jonathan Gutierrez, Pedro Román, Astrid Morales y el agente Joel Vidot. Cuando uno es testigo de la labor que realizan estas personas, resurge la esperanza de que un Puerto Rico mejor y más compasivo no es solo posible, sino casi inevitable.

Por Mercedes Luna

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